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La riqueza del prójimo: mi visión más allá de la confección

La riqueza del prójimo: mi visión más allá de la confección por Arturo Calle Fundador de Arturo Calle - empresario colombiano

La riqueza del prójimo: mi visión más allá de la confección

El Futuro de Colombia 2030

ARTURO CALLE
Fundador de Arturo Calle

Siempre he creído que el verdadero éxito no se mide en las ganancias, sino en el servicio. Mi historia no es solo la de un empresario textil; es la de un colombiano que aprendió desde niño que la independencia y el trabajo duro son importantes, pero que la vida se hizo para amarnos los unos a los otros. Con eso, creo, está todo dicho.
Miramos hacia el futuro, hacia el 2030, y veo un país en una encrucijada. Al próximo gobierno, sea cual sea, y a nosotros, los empresarios, nos espera una tarea monumental. No podemos esperar pasivamente. Tenemos que estar prestos a contribuir con lo social, a creer en lo que tenemos. Por eso necesitamos un país con seguridad, porque sin ella ningún gobierno puede ser exitoso. Pero nuestro desafío más urgente es combatir los 25 millones de pobres, de los cuales 10 millones están en la miseria absoluta Para el 2030, anhelo una Colombia transformada por la educación, porque un país sin educación jamás tendrá un funcionamiento excelente. Pienso también en la vivienda, en la salud y, sobre todo, en el deporte para nuestra juventud. Los jóvenes de hoy viven encerrados; necesitan que el deporte los dignifique. Pero esto no es solo tarea del gobierno, es una responsabilidad de todos los colombianos.
A menudo me preguntan cómo he logrado mantenerme vigente todos estos años. La respuesta es sencilla: queriendo a mi país, queriendo mi empresa, pagando impuestos sin evadir, teniendo siempre presente al prójimo. Mi fundación es el corazón de esta
labor social. Soy un hombre sencillo, me gusta trabajar 10 o 12 horas diarias y hacer las cosas bien. Para mí, generar empleo digno no es una opción; es un deber. Significa ofrecer salarios aceptables, tratar al personal con respeto y hacerse querer. Más allá de la estabilidad, con buenos patrones y buenos salarios, esto se logra. Pero también me duele profundamente ver cómo la juventud preparada se va del país.

 

“El verdadero éxito no se mide en las
ganancias, sino en el servicio. La vida se hizo
para amarnos los unosa los otros.”


Los que no tienen capacidad económica buscan becas para irse: se van por falta de oportunidades y seguridad, no porque quieran. Salen a la calle y les roban un celular, los matan. Si no valoramos a nuestros nuevos profesionales jóvenes, en 15 o 20 años este país será administrado por adultos mayores. Ellos tienen una experiencia invaluable, pero la preparación de los jóvenes de hoy es inmejorable. Están por encima de nosotros. Sobre los valores para formar líderes, para mí son innegociables: el respeto y la ética son para todos, no solo para los jóvenes. Un líder debe ser sencillo, debe tener un gran concepto de lo social y, repito, debe vivir bajo el principio de “amados los unos a los otros”. Cuando tú amas, lo primero que haces es respetar, compartir y ser una persona no conflictiva. Con eso, todo es negociable en el sentido positivo, en el sentido del progreso colectivo. En cuanto a la industria de la moda, veo a Colombia a la altura mundial. Es un país excelente en lo textil y comercial, con una variedad y una calidad hermosas y precios aceptables. Y si me preguntan por mi legado, se lo dejo a mis hijos y a mi país. He sido un colombiano que ha cumplido con las normas, con respeto y sencillez. Me siento orgulloso de ser uno de los colombianos más queridos; eso no se compra con dinero. Soy el hombre más rico de este país porque me adora todo el país, ya que para mí el dinero representa lo que se puede hacer con él, no al revés.

“Soy el hombre más rico
de este país porque me adora todo el país; el
dinero vale por lo que se puede hacer con él, no al revés.”

 

El mejor negocio es entregar antes de llegar a la sepultura.
Por eso, mi fundación es la materialización de este credo: ayuda hasta a 100 fundaciones al mes, otorga becas, dota hospitales, realiza brigadas de salud en lugares remotos con ayuda del Ejército y contribuye con vivienda, salud y educación.
Así concluyo que de Colombia me encanta todo: su topografía es hermosa, su gente, su alimentación, sus paisajes. Uno puede irse a vivir a otro país para mejorar, pero toda la vida extrañará la tierra que lo vio nacer. Colombia, con todo, es un
país que siempre te hará falta. 

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