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La fuerza de construir desde lo posible

La fuerza de construir desde lo posible por Jorge Mario Velásquez CEO de Grupo Argos

La fuerza de construir desde lo posible

El Futuro de Colombia 2030

JORGE MARIO VELÁSQUEZ
CEO de Grupo Argos

Aveces me detengo a pensar en lo que más me preocupa del país, y es curioso
cómo la mayoría de las conversaciones que escucho giran en torno a todo lo
que no funciona: la economía, la política, la incertidumbre. Y no niego que haya razones. Colombia tiene desafíos enormes, y desconocerlos sería ingenuo. Pero he llegado a una
convicción profunda: necesitamos cambiar el tono de la conversación. No se trata de negar los problemas: es recuperar la capacidad de ver oportunidades. De hablar del país que sí puede ser. Cuando uno se rodea solo de miradas pesimistas, termina atrapado en una espiral de desánimo. Yo prefiero rodearme de esperanza, no como una ingenuidad, sino como una fuerza activa que impulsa a construir. Porque el optimismo sin trabajo es ilusión, pero el optimismo con propósito es transformación. Y es que tenemos mucho más de lo que creemos. Somos 52 millones de personas, la gran mayoría buenas, talentosas, trabajadoras. Lo digo con conocimiento de causa: he visto a nuestros ingenieros, técnicos y profesionales competir de tú a tú con los mejores del mundo en 18 países. Colombia no solo es talento, también es un mercado dinámico y una economía diversa. Aquí conviven la agroindustria, la manufactura, los servicios financieros, la tecnología y la biodiversidad, ese activo inmenso que todavía no hemos terminado de valorar y que puede ser el pilar de nuestra economía del siglo XXI.
Nuestra ubicación geográfica también es una ventaja estratégica que no deberíamos
dar por sentada. Estar a cinco días de navegación de la economía más grande del mundo, mientras Asia está a semanas de distancia, puede transformar nuestra competitividad si sabemos aprovecharlo.

Pero nos hace
falta algo esencial:
reencontrarnos

En un contexto de tensiones geopolíticas entre potencias, Colombia puede ser un punto clave para reconfigurar cadenas de abastecimiento y atraer inversión. Venimos, además, de avances reales. Hemos logrado casi cobertura universal en salud, una expansión notable de la educación, un sistema pensional mixto que, aunque perfectible, cubre a buena parte de la población. Tenemos la matriz energética más limpia de América Latina y una infraestructura que creció en veinte años lo que antes tardaba un siglo en desarrollarse. Eso no es menor. Nos hemos ganado el derecho a sentirnos un país en camino, aunque aún lejos de la meta. Pero nos hace falta algo esencial: reencontrarnos. Necesitamos un propósito compartido, una narrativa que nos una y no que nos divida. No más etiquetas, no más trincheras entre sectores, ideologías o clases. Ninguna nación puede avanzar si su discurso se construye desde la fractura. Es tiempo de volver a creer en el otro.
Desde mi rol empresarial, creo que el país necesita dos garantías fundamentales: seguridad física y seguridad jurídica. Ambas son indispensables y hoy están deterioradas. Necesitamos un ambiente donde la inversión privada y la regulación
pública coexistan en armonía, sin antagonismos. El progreso no es una lucha entre el Estado y la empresa privada: es el resultado de su cooperación inteligente. También necesitamos sembrar nuevas industrias. Colombia tiene un potencial inmenso en turismo, en energías limpias, en industrias creativas. El turismo bien hecho, el que respeta, educa y genera desarrollo, puede ser un motor transformador. Y lo mismo ocurre con la música, el arte o el cine: son expresiones de identidad, pero también motores económicos. En todo esto, el papel de los empresarios es clave. No para
reemplazar la política, sino para participar con voz activa y responsable en los debates del país. Los empresarios no somos políticos, pero tampoco podemos ser espectadores. La construcción de un mejor país exige que todos —sector privado, academia, gobierno y ciudadanía— trabajemos juntos. Por eso creo tanto en la educación. Es la raíz de todo. Sin educación no hay desarrollo sostenible, ni innovación, ni ética, ni convivencia. La educación no es solo un sistema: es la forma más poderosa de igualar oportunidades y de construir ciudadanía. Por eso valoro tanto la cooperación entre universidades públicas y privadas, como el trabajo del G8 en Antioquia. Necesitamos fortalecerlas, modernizar los programas, entender que los jóvenes ya no buscan carreras eternas, sino formación práctica, pertinente y flexible.
Y hablando de jóvenes, creo que tenemos una deuda con ellos. Muchos no creen en las instituciones porque se han sentido defraudados. Ven corrupción, promesas incumplidas, falta de transparencia. Y tienen razón. Por eso nuestra responsabilidad —desde las empresas, el Estado, la academia— es liderar con el ejemplo. Los jóvenes creen en lo que se demuestra, no en lo que se predica. Si queremos que crean en Colombia, primero debemos mostrarles que Colombia cree en ellos.
En Grupo Argos hemos aprendido que los negocios no se construyen solo con capital, sino con personas. El talento, la ética, la pasión y la capacidad de trabajar en equipo son el corazón de cualquier estrategia. Los valores no son un discurso, son decisiones cotidianas. Y las competencias más valiosas hoy no son solo técnicas: son humanas. La empatía, la adaptabilidad, la colaboración y la conciencia de propósito son las
verdaderas ventajas competitivas. He visto cómo las organizaciones que crecen no son las que acumulan más activos, sino las que cultivan mejor a su gente. Por eso insisto: la estrategia no empieza en los números, empieza en las personas.
El Grupo Argos que hoy lideramos —con presencia en materiales de construcción, energía, concesiones y gestión de agua— tiene ante sí un futuro prometedor. Hemos simplificado nuestra estructura, enfocado nuestra estrategia, fortalecido nuestra liquidez y construido sobre cimientos sólidos. Pero más allá de las cifras, lo que realmente me llena de esperanza es ver a miles de personas comprometidas con un propósito común: construir un país mejor desde lo que hacemos cada día. Colombia tiene todo para dar un salto histórico si aprendemos a trabajar juntos, si apostamos por la educación, la ética y la confianza. No hay que negar los problemas, hay que enfrentarlos. Pero, sobre todo, hay que dejar de hablar solo de lo que está mal y empezar a construir sobre lo que sí está bien. Yo sigo creyendo que este país puede ser mucho más grande de lo que imaginamos. Porque en medio de todo, hay algo
que nunca se ha perdido: la capacidad de soñar, de trabajar y de levantarse. Esa es, al final, la mayor riqueza que tenemos.

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